UN DÍA Y UNA NOCHE

A cinco kilómetros de Pan de Azúcar, en una modesta casa rodeada de jardín y frutales vivía una familia en la que yo era un joven integrante de ella, con mis veinticuatro años llenos de vitalidad y sueños. A la mañana los gallos anunciaban  el amanecer y al asomarse la luz por la ventana yo salía de la cama. Era un veinticuatro de octubre de mil novecientos setenta y dos y salí al patio de mi casa cuando el sol que ya había asomado media cabeza en  el horizonte y estaba dando su orden diaria de que todo cantase.

Cumpliendo con la orden recibida una pareja de horneros muy juntos ellos tanto que se tocaban sus alas, estaban  posados en limonero y cantaban al unísono como lo hacen siempre, con sus miradas puestas hacia el cielo no dejando ninguna duda de que lo hacían dando las gracias a Dios por un nuevo amanecer. Hasta unas dulces palomitas de la virgen con sus dulces movimientos parecían que transformaban  su mutismo en canto integrándose a la melodía matinal.

Es que todos los pájaros cantan por la mañana alegres de tener un nuevo día y es posible que esto nos contagie a quienes convivimos con ellos, será por ello que siempre a esa hora nos sentimos muy alegres y con ganas de aplaudir al sol que nace.

Transcurrieron  las horas del día y apareció un tinte rojizo en el poniente anunciando que el sol se iría. Es que en campaña la noche está agazapada  y de un tirón se lo lleva para dar paso a la noche,   no es como en la ciudad que tiene la complicidad de la luz eléctrica para disimular su fuga.

Ahí aparecen esas horas que muchas veces son  tristes, largas y melancólicas.  Para tratar de evitar estas horas era frecuente que yo me trasladase a nuestro pueblo y  en la camioneta de mi papá. Luego de cruzar  las vías del ferrocarril, avanzaba por un camino bordeado de cina cinas y uñas de gato, vegetación esta que tenía la función de dar sombra a los pájaros durante el día y ser cómplice de amores furtivos durante la noche. Fue por esa calle que me introduje en el llamado Barrio del Peligro, poblado por gente humilde y trabajadora,  allí  se veían unas pocas modestas casas y muchos ranchos que luchaban por mantenerse en  pie. Todos ellos fumaban y nos guiñaban una pequeña  luz por sus ventanas.

Pasé frente al Boliche de Doña Claudia, que era un muy modesto rancho escondido por un ombú que siempre daba abrigo a los viejos que dormían bajo ellos después de saborearse unos vasos de vino. En su interior estaba la obscuridad apenas rota por la luz de una vela y una lámpara a mecha de queroseno.

Sin verla sabía que detrás del mostrador de tablas que tenía acumulado todas las manchas que el uso de los años le había dado, estaba la vieja Claudia masticando su gran pucho de tabaco en la boca y que cerca de ella placenteramente dormía su gato barcino dentro de la barrica de yerba deseando que nadie lo molestase. Frente al mostrador estaban dos o tres viejos que apoyados en sus codos contemplaban sus vasos de vino, que lentamente iban bebiendo, los que les habían costado las monedas que no tendrían al otro día para comprar algo para la comida, por lo que tendrían que valerse con  algo de cocido que la misma Claudia les daría. Como bebida el boliche solo tenía vino y caña, sus clientes tenían la característica de que nunca reían, hablaban o se movían. Es que allí siempre reinaba un triste silencio de su reducida clientela de escaso poder económico  y pocas ganas de vivir.

A la vuelta de la próxima esquina mirando  hacia la izquierda veía una larga calle que se iba prolongando entre ranchos de fajina, que milagrosamente estaban de pie. Es por allí a solo media cuadra  estaba el boliche de Churi en una casa de material que como por arte de magia los días sábados se tranformaba en un renombrado salón de baile, desbordante de música que surgía de la guitarra de Churi y una acordeón de turno, esta orquesta cambiaba su  ritmo si aparecía la batería del Chocho Peña. Entonces si estaría la calle poblada de autos y personas caminando por la calle con sus botellas de vino o cerveza  en la mano. Allí estarían muchos hombres del centro en busca de lograr una conquista fácil o por el solo hecho de tomar alcohol y bailar.

Luego de cruzar ese barrio que por la noche parecía que tenía cierto aire de misterio llegué al centro en donde tomé un  café y charlé con un viejo compañero de secundaria, pasada una hora larga emprendí el regreso para mi casa.

Apenas había llegado al barrio que les nombré veo a un  señor mayor que corría hacia el centro, por su urgencia no cabía duda de que estaba impulsado por un gran problema. Era el señor Alonso y al llegar frente a él me detuve para ponerme a sus órdenes. Me dio las explicaciones de un problema de salud que tenía su hija y me solicitó que lo llevase al médico.

Pasadas dos horas yo me encontraba en el hospital con el esposo de la hija del señor Alonso que había perdido su  embarazo. Allí llegó un señor que sin mediar palabras le dijo a  mi acompañante -” estás con tu señora, que suerte te felicito es lo más hermoso que le puede pasar a un hombre”- .  A lo que recibe de respuesta del yerno del señor Alonso -“Yo estoy aquí porque mi señora perdió el embarazo”- A todo esto el señor se le aproxima lo abraza y le dice  -“Ahora si que te felicito de corazón, porque la vida siempre nos depara amarguras y trabajo es por ello que es mejor morir antes de nacer”.

Yo di media vuelta dije hasta mañana y me alejé presuroso.

Ya tirado en la cama de mi casa permanecí horas sin conciliar el sueño. Se me sucedían una y otra vez la imagen de un hombre mayor corriendo por la calle temiendo que su hija perdiese la vida, la de otro hombre que  tenía la tristeza de haber perdido su futuro hijo y otro que haciendo gala de la filosofía mas disparatada lo felicitaba por lo que le había ocurrido.

Parecía que hasta el nombre del barrio se mezclaba con las escenas de esa noche que no olvidaré jamás.

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—   Salvo la fecha que no la recuerdo exactamente todo esto me ocurrió—

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AVANZAR SIEMPRE

Todo aquello que no avanza está retrocediendo, valoración muy común, es por ello que trataremos de avanzar en todo lo que podamos. El título de la página  está acorde con los años, no interesa cuantos pero son muchos si miro el almanaque pero me tomé el trabajo de tirarlo hace algunos años porque me estaban castigando y yo no me puedo dar el gusto de que lo haga. Trataré siempre de tenerlo oculto de mi pensamiento hasta que llegará el día en que  se revele y salga sin mi autorización, pero no es el momento actual para ponerme a pensar  en ello y hoy trataré de caminar dando los mayores pasos que mis sueños me permitan.

Todo lo dicho debe de estar oculto en el inconsciente y surgir con naturalidad. El avanzar lo hago de acuerdo a  mis posibilidades  tratando de esquivar los obstáculos. Mientras pueda avanzar la vida me va a sonreír, miremos con alegría todo aquello que se nos presenta porque estamos dotados de poderlo hacer y disponemos del tiempo para ello. Lo dicho anteriormente es de un  gran valor para mi y es lo que  la óptica de la vida en los momentos actuales trata de decirme.

Si estoy caminando y veo un  abismo frente a mi, trataré de subirme a un árbol y gozar de estar en él, comiendo sus frutas si las posee, sintiendo el aroma de sus flores  si las tiene o simplemente disfrutando de su belleza.

Mi experiencia me dice que los abismos de hoy,  mañana serán una llanura que nos permitirá seguir nuestro camino con comodidad.

Es por ello que en la vida hay que avanzar olvidando nuestros tropiezos.

 

Walter Nelson TORRES

–Lo guardo como una reflexión a tener en cuenta enmi vida.

 

EN PIRIAPOLIS SE VIO LO APARENTE

Ya han pasado muchos años , en que siendo yo muy joven me encontraba  con mucha frecuencia con  Carlitos. Él era un muchachón alegre, de tez muy clara y que lucía muy quemada por el sol que recibía en sus largas horas de trabajo que realizaba en las tareas rurales que realizaba en el campo junto a su padre.

Vivía a unos quince kilómetros de Pan de Azúcar por el camino que lleva a  Punta del Este y del carretero tres kilómetros a la derecha. Siempre se le veía en su bicicleta que mantenía extremadamente limpia y de la que se enorgullecía.

Su presentación  la hacía diciendo: yo soy  Carlitos Alonso, si de los Alonsos de la Barra. Y le gustaba hablar en su primera oportunidad de su medio de transporte que era su bicicleta y trataba de mostrarnos como maravilla su luz, su timbre y un a parrilla en la que llevaba las compras de mercaderías para su casa.

Casi cortaba la charla que estaba manteniendo conmigo diciéndome -hoy estoy apurado porque el trabajo del campo me espera. Evidentemente tenía razón porque la distancia para llegar a su domicilio era grande, es por ello que se subía a su bicicleta y se marchaba raudamente.

Había transcurrido dos meses de la última vez que lo había visto en Pan de Azúcar, cuando ya entrado el verano me lo encuentro en la Rambla de Piriápolis. Era domingo y yo caminaba lentamente hacia la rotonda del Hotel Colón con mi mirada exclusivamente hacia las jóvenes que recreaban su belleza con escasa ropa veraniega.   En determinado momento siento casi un grito que me decía “hola Walter”. Me detengo sorprendido, miro hacia la izquierda que era de donde había partido el grito y veo a Carlitos que estaba apoyando su trasero en el mas lindo auto de la cuadra. Vestía una impecable camisa blanca luciendo en su bolsillo tres bolígrafos con capuchones de distinto color, pantalón de lanilla color azul en los que lucían  los palillos que se había colocado para no ensuciarlo con la cadena de la bicicleta , sus zapatos eran de cuero negro muy bien lustrados.

Se realiza el siguiente diaógo:                                                                                                                                                     -Hola Carlitos que sorpresa verte.                                                                                                                                                                                                                                                  -Si aproveché que hoy es domingo y no trabajaba para venir a ver a las gurizas de las que hay algunas que  son divinas.                                                                                                                                                                                                   -Si hay unas jóvenes muy lindas, pero tu Carlitos también tienes buena pinta y puedes lograr conquistar alguna.                                                                                                                           –                                                                                 -Me lo dices en serio                                                                                                                                                                                  -Claro que te lo digo en serio.                                                                                                                                                                -Mira Walter te quiero confesar algo, yo me apoyé en este auto para que crean que soy su dueño.

Y sacudiendo un manojo de unas diez llaves de tamaños relativamente grandes, continuó diciéndome:                                                                                                                                                                                                  -Me entiendes yo aquí estoy de long-play                                                                                                                                        -Si Carlitos tú me quieres decir que estás de play-boys                                                                                                               -Si lo que te digo es que estoy esperando que las chicas se den cuenta que son  un long-play.

Transcurrió la tarde y varias horas de la noche y mi amigo Carlitos permanecía en el mismo lugar, sacudiendo su manojo de llaves. Era evidente que ninguna joven  se dio cuenta que allí estaba él. Y tampoco se fijaron en él las cientos de pasaron a su lado, porque no supieron ver a un joven humilde,  bueno y trabajador.

Es como ya se ha dicho “SE VE LO APARENTE Y LO ESENCIAL ESCAPA A LA VISTA DEL HOMBRE”. Es que los seres humanos no estamos preparados o no nos interesa ver los verdaderos valores.

(Esto aconteció hace unas décadas y hasta los diálogos se ajustan)

oooOOOooo

TRATEMOS DE VER FLORES Y NO ESPINAS

Todo lo imposible es posible, hasta el retroceder en el tiempo para ello esta la mente humana que tenemos que dominarla nosotros a ella y  no que ocurra lo contrario. Es algo no sencillo pero si lo intentamos permanentemente lo vamos a lograr. Ello nos va ha traer la ventaja de que el envejecimiento en el cuerpo se hace  mas lento y el mental también, razones muy suficiente  para luego de tener un recorrido largo en la vida nos dediquemos al logro de obtener todo aquello que pueda estar a nuestro alcance, como amistades que no tuvimos tiempo de cultivar ante, de libros que veíamos pasar junto a nosotros sin poder disfrutarlos y tener conocimientos que antes nos eran esquivos por falta de tiempo y ahora pasen a formar parte de nuestra vida, que decir de disfrutar la naturaleza que para mi se a hecho música.

Seguir mencionando logros y tratar de ubicarnos en  el correr de los años lo veo como algo positivo que tiene que aflorar por el solo hecho de habernos mentalizado para ello, es el  tratar de ver como positivo aquello que quizás no lo sea y de tolerar todo aquello que años antes no lo hacíamos. Todo los ángulos para enfrentar el tiempo venidero parece hacernos ver que hemos tenido la reflexión para ubicarnos de tal forma que logramos absorber conocimientos y sueños que podíamos haber logrado con anterioridad, es por ello que yo menciono como un retroceder en el tiempo todo esto que no trae vivencias que se nos había escapado anteriormente.

Por el solo hecho de tener en cuenta lo que he mencionado podemos ver el camino venidero florecido y no lleno de espinas como le suele ocurrir a otras personas que tienen una óptica negativa.

Tratemos de ver flores y no espinas para ser mas feliz en la vida.