ZITARROSA ACTUÓ EN PAN DE AZÚCAR

Corría el año 1992 y la Cooperativa de Vivienda COLEOL ya era una realidad y funcionaba con gran dinamismo. Un día del mes de noviembre se aproxima a su  Comisión Directiva el Señor Alfredo Acosta más conocido dentro de los pandeazuquenses como el CLOTA y nos realiza el siguuiente ofrecimiemto:

“Si ustedes desean hacer un beneficio con un excelente folklorista yo les puedo conseguir a Alfredo Zitarrosa. Es muy bueno y tiene muchas grabaciones pero a las radios ahora no se les permite ponerlas al aire y sus espectáculos se  le han limitado a la nada porque todos saben que no es del agrado de las Ferzas Armadas. Por estas razones que les doy y por ser amigo mío yo se los puedo traer para que ustedes hagan un beneficio por el solo costo de los pasajes y unos pocos pesos mas.”

Nos gustó su ofrecimiento y se lo aceptamos. Conseguimos para realizar el mismo el local del cine que esos momentos estaba en total abandono.

Lo limpiamos.  El día fijado para el espectáculo con la complicidad del encargado de UTE se le dio energía eléctrica porque el local la tenía cortada. El agua se le dio de una manera informal con un trabajo rápido de uno de nosotros. La publicidad móvil se realizó en horas de la mañana de la fecha fijada para el espectáculo. Llegaba la hora del comienzo del mismo era muy poco público y  para ser peor todavía nos faltaba el artista…  ¿Vendrá Zitarrosa?. ¿Le habrá pasado algo?. Íbamos y veníamos del hall a la vereda y de la vereda nuevamente hasta el escenario. Nuestros nervios iban en aumento hasta el momento en que vimos venir a un joven apuesto y muy delgado, con una guitarrra. Casi al unísono dijimos “ese flaco debe de ser nuestro artista Zitarrosa”.  Porque, curiosamente,  ninguno de nosotros lo conocíamos.

Comenzó el espectáculo y Alfredo con esa voz gruesa y varonil, tan suya,  cantó…

No te olvides del pago
si te vas pa’ la ciudad
cuanti más lejos te vayas
más te tenés que acordar.
Cierto que hay muchas cosas
que se pueden olvidar
pero algunas son olvidos
y otras son cosas nomás.

Becho toca el violín en la orquesta, cara de chiquilín sin maestra, y la orquesta no sirve, no tiene más que un solo violín que le duele… 

¿Y habrá tocado también la “Chamarrita de los milicos”?

Los boliches del Cerrito
no son para los ricos;
si alguno llega a entrar,
difícil que haya lugar.
Allí cerca hay un cuartel
con cañón y coronel.

Chamarrita cuartelera,
no te olvides que hay gente afuera.

La otra noche en una farra,
un milico con guitarra,
mirándolo al patrón
le cantaba esta canción:
“aunque salga a hacer mandados,
un milico es un soldado”.


El espectáculo fue de nuestro agrado y  del público que en un número  de apenas de treinta y dos personas asistieron a nuestra convocatoria .. ¡Qué época difícil y arriesgada para todos los involucrados!

Lo cierto es que nos quedamos todos contentos porque no tuvimos pérdida económica y si logramos el beneficio de acrecentar nuestra confraternidad.

Es de conocimiento de muy pocos en nuestra ciudad que ese folklorista de tan alto nivel actuó en nuestra ciudad y que su contratación la realizó COLEOL con la complicidad del CLOTA.

QUE HERMOSO RECUERDO Y ME SIENTO ORGULLOSO DE HABER SIDO PARTE DE EL.

PAEZ VILARO EN PAN DE AZUCAR

 DON CARLOS PAEZ VILARO EN PAN DE AZUCAR


Hace algo más de diez años fui un día a trabajar, en ese hermoso establecimiento construído en tiempos de Piria,  La Quebrada del Castillo.

En aquella oportunidad se ofrecía un almuerzo al Presidente de Rumania que venía acompañado de su comitiva y un selecto grupo de invitados. Este grupo lo formaban aproximadamente unas cien personas.

Yo integraba parte del personal seleccionado para esa ocasión tan especial. Trabajamos con mucho empeño en armar cuidadosamente un salón a tales efectos. Previo a servir el almuerzo los organizadores invitaron a los comensales a que pasaran  a un amplio patio para que se deleitaran sirviendose picadillos de carnes que salían  de una humeante churrasquera.

Posteriormente los comensales fueron conducidos al comedor para servirles el almuerzo, pero uno de  ellos se quedó junto a mi . Ese señor que se quedó para comer parado fue Don Carlos PAEZ VILARO.

Con su inigualable simpatía recuerdo que entre otras cosas me dijo _” ¿Así que usted es de Pan de Azùcar?…  ¡Qué hermoso que es ese pueblo! . Yo lo conozco mucho porque antes lo visitaba muy seguido…  Allí tenía un gran amigo con el que pasabamos muchas horas charlando.  ¿ Conoces al Clota?, me dijo…  ¡Claro!. ¡Quién no lo va a conocer?. (Alfredo Acosta, alias “EL CLOTA”) .  Tarde de la noche ibamos siempre al boliche de Canesa a comernos unas exquisitas costillas a la plancha acompañadas con papas fritas y huevos. Recuerdo que ese boliche realicé con mucho gusto un mural…

Esta conversaciòn con Paez Vilaró me hizo pensar lo siguiente:

¿ Cuál  fue la razón  que lo llevó a comer parado junto a un empleado pudiendo hacerlo comodamente junto a ese grupo tan especial de personas que acompañaban al presidente rumano?.

Una persona que ha degustado comidas  en restorantes de todo el  mundo recordó con añoranza, con un dejo de melancolía,  sus cenas en un modesto boliche que se encontraba  ubicado calle por medio de un  prostíbulo pueblerino.

Páez VIlaró  ha realizado murales en todos los continentes y pudo haber hablado de ello si hubiese estado almorzando junto con los demás invitados. Sin embargo  prefirió hablar con orgullo del mural realizado en un boliche de Pan de Azúcar.

No oculto que sentí satisfación de haber mantenido una conversación con el Señor Paez Vilaró y saber que se complace en recordar la vinculación que tuvo con mi pueblo.

Evidentemente es un persona  que se siente cómoda con los pies sobre la tierrra y no es como muchos que desesperadamente quieren  estar en lugares altos para aparentar ser más grandes.

WALTER TORRES

ESCUCHAR EL SILENCIO

Después de llevar varias décadas de vida comencé a sentir que me era hermoso escuchar el silencio. No solamente el que nos da aquellos que por su magnitud nos abstrae y nos lleva a que inconscientemente nuestra mente vague por lugares ocultos y se ponga a indagar  sentimientos y pensares que nunca habían  aflorado.

Esa experiencia puede dejarnos vivencias muy especiales que se arraigan a nuestras vidas. Pero yo quiero hablarles del pequeño  silencio que nos regala la naturaleza.  Cuando  nosotros la  indagamos en horas de la noche  en un lugar en que no llega el ruido humano, vemos que en ella  hay un submundo de pequeños insectos que están desarrollando una muy activa vida y producen una musicalidad muy audible  que   nos va abstrayendo hasta atraparnos. A mi me agrada escuchar  esta melodía por la que me siento atrapado y  cuando me alejo de ella me mantengo  en quietud total y creo tener dentro de mi algo que no me pertenece y es esa calma que se instaló en mi espíritu que quisiese tener siempre, pero la vida nos despierta de ese sueño y nos lleva a la realidad de vida diaria.

Yo tengo la suerte de poder disfrutar con cierta frecuencia de  esta experiencia  y se las quise compartir aunque considero que son muy pocos los que pueden  llegar a comprenderme. Pero no dejaré de creer que los pequeños altos en la vida  son muy necesarios y que ellos  también se pueden  obtener de  esta orquesta de miniaturas.

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SIN SABER VER A LOS NIÑOS

Era media mañana de hace muchos años cuando yo caminaba  por una calle muy arbolada y delante mío lo hacían dos señoras muy elegantemente vestidas con sus chaquetas de piel y carteras al brazo. Siento que conversan  muy enardecidas criticando la actitud que tenían tres niños que con ondas en  las manos le tiraban  piedras a los pájaros que supuestamente veían en los árboles. Hacían juicios muy negativos de ellos tratándolos de desalmados que lastimaban  a esos pobres animalitos y que cuando creciesen era muy posible que fueran unos delincuentes, que la policía y otras autoridades tendrían que tomar medidas para reprimirlos y en lo posible hacerlos desaparecer de las calles.

Yo por lo contrario veía a tres niños  que a pesar de que era una mañana fría estaban descalzos  y con muy escasa ropa rotosa , que esas ondas que utilizaban para tirar piedras podrían ser sus  únicos juguetes  y quizás estuviesen llenando su horas de soledad, porque es muy posible que sus padres y hermanos mayores estuviesen trabajando como hurgadores para poderse ganar la comida.

Las señoras y yo estábamos  mirando a los mismos niños y era evidente de que era abismal la diferencia de apreciación de lo que veíamos. Ellas preocupadas solamente por los animalitos ignorando los problemas que tenían esos niños que al igual que cientos y cientos de  ellos andan por las calles sin tener el apoyo necesario para llevarlos por el mejor camino de formación en la vida.

Es muy posible que hoy anden muchos  de esos niños cometiendo delitos,  pero serían  muchos menos si supiéramos verlos siempre   como humildes seres humanos que hay que  proteger brindándoles más amor y mejorando  su situación económica,  para que de esa manera  enfrenten sus  vidas con alegría y optimismo.

No debe de  ocurrir que muchos gobernantes tengan la mentalidad de estas dos señoras a las que hice referencia, mirando todo a través de la represión.