ME ROBO MI PRIMERA NOVIA

Creo que era un niño que quería ser un joven, había iniciado mi tercer año de secundaria. Creo que es una edad en  que  todos los muchachos comenzamos a sentir una gran atracción por las jóvenes que van dejando se ser niñas y yo no era excepción.

Yo asistía a clases en el turno de la tarde y cuando regresaba para mi hogar en bicicleta después de cumplir la jornada, atravesaba lentamente un lindo y modesto barrio atraído por todo lo que mis ojos veían. Ocurrió que comencé a ver con mucha frecuencia a una chica que me resultaba sumamente atractiva y respondía siempre sonriente a mis saludos. Cada día mi atracción hacia ella era mayor y estaba siempre pendiente de que mis ojos la viesen, luego hacía el trayecto hasta mi casa con su imagen prendida  de mis retinas.

No pasaron muchos días sin que yo sintiese el impulso de planificar cual era la forma de aproximarme a ella y entablar un  diálogo. Tenía muchas contras para ello entre otras mi inexperiencia total en las lides amorosas, sumándose a ello que era un muchacho de campaña que no mantenía ningún diálogo con jóvenes fuera del liceo.

Una tarde de acuerdo a lo por mi planificado atravesé el barrio caminando con la bicicleta a mi costado. La vi en el  lugar que estaba siempre, me sentí muy nervioso y las piernas me temblaban cuanto mas me aproximaba a ella y mas hermosa la veía. Cuando me le enfrenté  recuerdo que con gran esfuerzo la saludé, le pregunté su nombre y mantuvimos un corto diálogo, pero con la promesa de continuarlo al próximo día.

Llegué muy feliz a mi casa sintiéndome ya un hombre adulto con pretensiones  de conquistador. Mas importante que planificar los estudios era saber la  táctica de ataque para el día siguiente, no podía haber ningún tipo de error todo tenía que hacerlo  al detalle.

El próximo día nos encontramos en el mismo lugar e igual hora, nos saludamos como viejos conocidos y me regaló muchas sonrisas. Era día viernes y por temor de no verla el día sábado  le hice la invitación para ir juntos al cine el día domingo y como era lógico sería a la  función de la matiné.

La prevención estuvo bien fundada porque el día sábado no la vi. El día domingo almorcé apresurado porque antes de la hora catorce tenía que estar en el cine. Me vestí cuidadosamente observándome permanentemente  en el espejo y para que mi peinado tuviese más prestancia me coloqué brillantina  como usaban todos los adultos.

Media hora antes de comenzar la función yo ya estaba en el cine y en  cuanto abrieron la boletería  saqué dos entradas. Pasaron varios minutos que me parecieron horas y mis ojos bailaban por  todos lados y no la veía aparecer, eso me ponía muy nervioso. Pero en determinado momento se me volvió todo alegría,  la vi llegar mas hermosa que nunca. Tenía el impulso de correr hacia ella pero me contuve de hacerlo, lo cual no quiere decir que no lo haya hecho con paso rápido.

La saludé por su nombre que ya sabía que era Magdalena, que tenía catorce años cosa que quizás no fuera cierto a lo cual  no le daba importancia, yo al decirle mi edad me había agregado uno más para parecer mas hombre diciéndole que tenía quince.

De cuerdo a lo que ya tenía pensado le dije que me gustaba sentarme en los últimos asientos del cine, ella accedió   y entramos un rato antes de comenzar la función. Hablamos de cosas banales hasta que se apagan las luces y comienza la función. Para suerte mía la película tenía pasajes románticos lo que estimuló mas mi iniciativa  de aproximación. Le tomé la mano que estaba sobre su rodilla y ella siguió en la misma postura de interesada en el desarrollo de la película. Confieso que mi mano permaneció inmóvil por temor de que hubiese un rechazo por parte de ella al realizar un movimiento inoportuno,  pero lo muy cierto es que finalizada la película de ella sólo recuerdo su título.

La segunda  era de guerra pero el instinto romántico me permaneció incambiado y realizando un esfuerzo mi mano  permaneció quieta en el límite de la suya. Terminada la función de cine la acompañé hasta su casa manteniendo una conversación alegre y prometiéndonos vernos al día siguiente lo que así ocurrió. Fue una tarde que a muchos les resultaría tonta, pero para mi fue una de las tardes felices de mi vida al dar los primeros pasos por el camino del romanticismo de la adolescencia.

Los días fueron pasando y eramos una tierna parejita que caminaba todos los días tomados de la mano recorriendo el barrio, muchos nos miraban con ternura y otros se burlaban de vernos tan jóvenes. Seguimos llendo a la matiné de los domingos y en ella nuestra aproximación fue en aumento, comenzamos dándonos pequeños piquitos  y estos fueron  creciendo a través del tiempo,  pero siempre  con contenidos de ternura. El erotismo me aparecía en la imaginación después que me alejaba de ella.

Habían pasados ya varios meses  manteniendo  nuestras relaciones amorosas, cuando  Magdalena me dijo    que se iba a alejar con la mamá por un tiempo para la ciudad de Maldonado, me sentí triste y temeroso de no poderla volver a ver.

Estaba ya predestinado que nos separaríamos y así  ocurrió, los dos seguimos la vida que nos marcó el destino.  Ella de  niña pasó  a ser mujer transcurriendo su vida  alejada de mi  y yo pasé ha ser un hombre adulto con los intereses que nos trae la vida y viendo al sexo opuesto con otra intencionalidad y manejando escala de valores que acertados o no los apliqué a mi saber y entender.

Una sucesión de hechos  marcan la trayectoria de nuestras vidas, tenemos que vivir en una lucha permanente por el presente y pensando en que nos deparará el futuro. Pero  cuando estamos sobrados de tiempo revivimos nuestros pasos por la adolescencia lejana y yo  reiteradamente  recordaba a esa mujer casi niña, tan linda y delicada con la que había tenido mi primera relación amorosa, tonta y sana que me había dejado una gran huella en mi recuerdo.

A más de cincuenta años de haber abandonado la adolescencia una tarde estaba hablando con un amigo de la juventud , cuando en determinado me dijo con acento de sorpresa:

-Conoces a aquella señora que va allá.

Le respondí:

-Aquella anciana que camina con un bastón canadiense, no la he visto nunca. No tengo la menor idea de quien puede ser, eso que soy bastante fisonomista.

Sonriendo me dijo:

Yo he viajado permanentemente toda mi vida a Maldonado y es por eso que la conozco. Esa es Magdalena tu primera novia.

Creo que mi cara se debe de haber transformado, quizás el gran  dolor que me produjeron sus palabras se  reflejaban en ella.  Porque en forma inmediata me preguntó:

¿Que te pasa? Tomastes a mal lo que te mencioné.

En ese momento recuerdo que le dije:

No obstante ser mi amigo de toda una vida me has robado en un segundo la novia más linda que he tenido, la que siempre guardaba como un rincón de frescura y que me rememoraban mis lejanos momentos de la  juventud y que en parte me permitía seguir viviendo  dentro de ella.  Ahora que me la quitaste me quieres entregar a cambio  una anciana.  Al pensar en ella me sentía  joven y en un momento con muy pocas palabras has logrado que   pase a ser un viejo.

La tercera edad intentamos rechazarla al suplantarla con hermosos  recuerdos de nuestros pasados y nos beneficiamos al permanecer  prendidos a ellos. Que lástima que mi amigo me robó uno que tenía como uno de los trofeos más preciados y con él perdí a mi primera novia, tan tierna y hermosa. Esto no se lo podré perdonar jamás.

                          WALTER NELSON TORRES ENRIQUE

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