¿DONDE ESTA ESA MUÑECA?

En un gran hospital  yo caminaba por sus largos pasillos  cruzándome con médicos, enfermeras presurosas, enfermos de todas las edades y personas que como yo deambulábamos por los pasillos realizando preguntas para encontrar una sala en la que se encontrase la enferma que querían visitar.

Yo sabía que allí tenía que  estar internada una niña vecina mía que vivía  en una casa semidestruída y abandonada que estaba ubicada a no mucha distancia  de mi domicilio. Todas las mañanas cuando me dirigía hacia el trabajo la veía sentada en el marco de la puerta con su mirada perdida en la nada, insensible a los movimientos y los ruidos de la calle.

Todos pasaban indiferente ante esa niña que estimo debía de tener seis o siete años, que sin ser rubia tenía el cabello muy claro y unos ojos que siempre me cautivaron por su dulzura.  Yo siendo la excepción de los demás transeúntes me detenía frente a ella para saludarla y en su mano le depositaba  algo que siempre era diferente, desde golosinas a un muy pequeño juguete que había comprado en el quiosco de la esquina. A cambio de ello yo obtenía de regalo su sonrisa y sus muy suaves palabras que me decían:”muchas gracias señor”. Yo seguía mi camino con: ” un hasta mañana querida”, sabiendo que había comenzado bien el día al realizar una pequeña siembra y obtener  una gran cosecha para mi corazón.

Cuando llegó el invierno los días se hicieron fríos y lluviosos, era muy frecuente que pasasen días sin verla  y yo tener que continuar mi camino con el  regalo que tenía para  ella en el bolsillo. Las pocas veces que la veía  la notaba con mucha palidez en su rostro y su sonrisa apenas se  dibujaba sin mostrar  alegría.

 Pero habían ya pasado varios días de sol y mi pequeña amiga  María no aparecía sentada en la puerta de su casa, la que  estaba esta siempre cerrada. Este hecho me tenía muy  preocupado por lo que  siempre caminaba presuroso con la esperanza de verla pero esto no ocurría.   Pasado varios días  al regresar del trabajo me detuve frente a esa puerta y la golpié con el propósito de que alguien saliese y me diera noticias de la niña. Pero nadie acudió a mi llamado  y entonces tuve que recurrir a los vecinos para que me informaran  sobre ella. Pero lo que pude saber era que vivía presuntamente con una señora que debería de ser su mamá, que llegaba en horas de la noche y se recluía dentro de la casa, ni cual era el nombre de esa  señora, todo se mostraba como un misterio. Al yo indagarles por la niña que hacía muchos días que no la veía se me informó que una noche vieron detenerse una ambulancia frente a la casa y que en ella se llevaron a María. Supe también que la misma se dirigió en dirección de un Hospital  que estaba ubicado en la zona del puerto y que desde ese día los vecinos no vieron mas a la pequeña ni a la señora.

Llegado el próximo día sábado en horas de la mañana me dirigí a la parada de ómnibus y tomé el primero que se dirigía a la zona del puerto, con el propósito de llegar al hospital en que estaría internada mi pequeña amiga. Desde horas muy temprano estaba despierto y sumamente nervioso por llegar a ese destino incierto en que existía la posibilidad de encontrar a mi pequeña amiga. Me hacía muchas conjeturas sobre su estado de salud,  imaginándomela  enfermita acostada en una cama.  Todo ello aumentaba mi preocupación y el deseo de estar lo mas pronto posible junto a ella.  

Es por ello que ya en él deambulaba triste y nervioso, con la incertidumbre de saber si encontraría a mi niña y cual sería su estado de salud. Muchos eran las niñas que veía pero ninguna era mi María, hasta que llegué a una Sala que a poco de entrar en ella siento una dulce y débil voz que me llama por el único nombre con que ella me conocía: “Señor” .

Que hermoso fue sentir esa voz, corrí hacia ella puse una mano sobre una de sus mejillas y la otra se la llené de besos. Su pálida cara se llenó de una tímida alegría y dibujó una sonrisa de esas que siempre me regalaba cuando estaba sentada en el marco de su puerta. 

Permanecí  junto a ella con una de sus manitas presionada por la mía, tenía temor de realizarle preguntas que pudiesen herirla y ello me llevó a un silencio que duró mas de una hora. Cuando llegó un médico haciendo la recorrida por la sala me le aproximo y le pregunto por la salud de la niña  a lo que él me responde: “su salud no es nada buena, es un caso sumamente delicado”. 

Volví aún mas triste junto a ella y le pregunto: “te quiero hacer un regalo, dime que es lo que tu prefieres”. Ella me mira a los ojos y me responde: ” yo estoy siempre sola señor,  si usted  me regalase una muñeca tendría a alguien que me acompañe”. 

Me despedí de ella prometiéndiole que al otro día la volvería a visitar trayéndole  el regalo prometido, a lo que ella me responde: “le voy a hacer un pedido señor,  si usted ve a mi mamá dígale que yo la quiero mucho y que el verla me haría muy feliz”. 

Luego de salir del hospital con una gran tristeza caminé por horas por las calles de la zona portuaria,  solo  pensaba “DONDE ESTA ESA MUÑECA”   que pueda suplir a una madre.  

                                                                                                                 Walter Nelson TORRES  (Pan de Azúcar-Uruguay) 

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