EL HOMBRE DE LA NOCHE

-Desde hacía dos años Julián vivía aún mas allá de la vía del ferrocarril, en donde las casas están espaciadas y los vecinos se saludan por las mañanas intercambiando sus opiniones sobre la mayor diversidad de temas, su información mas apreciada la tenía de un viejo jubilado que era conocido con el apodo de Tito.

No se les  escapaba a ellos hablar  sobre el “Hombre de la Noche”, como se le llamaba a una persona que un par de veces a la semana se le veía dirigirse después de que desaparecían las luces del día en dirección al  almacén y bar del Tano, que era muy conocido para ellos y que se encontraba a tan solo una cuadra luego de cruzar la vía. 

El Tito tenía la seguridad de que esa persona que les resultaba tan misteriosa a todos, era la misma que había  vivido antes en ese campo veinte años atrás y que se le conocía por el apodo Gauchito. Le explicaba todo lo que había ocurrido un veinticinco de setiembre del año mil novecientos cincuenta y dos a ese joven tan bueno que era casado con una muy buena señora y poseedor de una hija pequeña, por culpa de unos gauchos diciéndole bromas inaceptables y  fuera de lugar lo llevaran a que fuera posesionado por el mismo Satanás.

 Todo ello el Tito se lo sintetizaba de la siguiente manera:

“En la mañana que te mencioné y antes del medio día llega el Gauchito a realizar compras de comestibles para su casa, realizando el pedido con una sonrisa que siempre se dibujaba en su rostro que irradiaba simpatía. Un hombre desconocido en la zona se le aproxima y le dice:

-Le vas a llevar alimentos para la linda mujer que tienes en tu casa, así te queda mas llenita de carnes para que otros te la usen.

El Gauchito pareció no entender lo que le estaban diciendo o simplemente prefirió hacerse el desentendido. Pero otro que formaba el grupo de atrevidos se le aproxima y agrega:

-Yo no lo he hecho pero no me faltan ganas, se que muchos la disfrutan. 

Esta vez dio media vuelta el Gauchito y sus ojos se le salían de las órbitas, el rostro parecía  de otra persona pero de su boca no salió una palabra. Un tercero se para frente a él y le dice:

-Yo doy prueba de como es como mujer porque la he disfrutado.

Ahí fue cuando el Gauchito se transformó y perdió todo el control de si mismo. Ganó el lugar de la puerta y tomo el cuchillo de trabajo que tenía en su cintura y con el en su mano, comenzó con una rapidez asombrosa a apuñalar con violencia extrema a los que le habían faltado el respecto y no dejaba de hacerlo hasta que caían al piso. Se veía sangre por todos lados y él también estaba empapado de ella. Cuando vio que estaban los tres hombres en el piso fue cuando se sintió su voz preguntando:

-¿Alguien me quiere decir algo? ¿Alguien quiere hablar de como es mi mujer?

Todos fueron ganando la puerta y cuando estaban  afueran  salían corriendo en forma despavorida para cualquier lado. Hasta que en el boliche solo quedaron el Gauchito y los apuñalados.

Salió del comercio lentamente se subió en su caballo y se marchó al paso en dirección a su domicilio, iba todo ensangrentado y con el cuchillo en la mano. Quienes lo veían ponían cara de estupor  se persignaban y corrían hacia sus casas en donde se encerraron por varias horas. Luego se fue aproximando toda la población al comercio del Tano, hablaban todos de lo espantoso de lo sucedido. En el  ya estaba la policía y le había informdo a los mas cercanos que los tres apuñalados estaban muertos.

Por la tarde la policía fue la casa del Gauchito y este salió caminando hacia ellos con las manos en alto. Unos policías decían que ellas indicaban que se entregaba, pero otros afirman que tenían las palmas de las manos juntas y elevadas hacia el cielo en  una inconfundible señal de pedido de perdón y auxilio a Dios. En la puerta quedaron su señora y su hija, ambas arrodilladas y llorando hasta que llegó la noche.

Lo cierto que todo lo narrado había ocurrido hacía mas de quince años y nadie tuvo ninguna información de él en todo ese tiempo. Tampoco se supo nada de su señora, ni de su hija y todos estaban en conocimiento que al segundo día de haber sido llevado preso al Gauchito, en su pequeño campo pasaron a vivir otras personas desconocidas .

A todo lo que les conté el Tito le agregaba:

– Todo lo que te he dicho concuerda con lo que te pueda decir cualquier persona del pueblo, simplemente que nadie quiere hablar de este hecho. Tú puedes comprobar que cuando entra él al boliche del Tano todos hacen un silencio total, dejan de jugar al truco y le dan lugar cuando se aproxima al mostrador. Él nunca habla solo le entrega un papel con el pedido de la mercadería que requiere y en forma rápida se le es entregada.  Cuando ya se aleja todo toma el ritmo habitual, pero sin hacer nadie el mas mínimo comentario de lo que allí pasó. Tienes que entender que la alegría que tenía el Gauchito la perdió en los años años que pasó en la cárcel y de ella salió el hombre amargado y triste que tú lo conoces como el Hombre de la Noche.

Julián muy extrañado de todo lo que le había dicho de ese hombre casi fantasma, un día le pide al Tito que le cuente como era la vida que llevaba  en su campo. A lo que el Tito le responde casi en secreto lo que sabía:

-Después de mas de quince años de haber realizado el triple crimen El Gauchito aparece transformado en el para ustedes extraño hombre y se instala en el campo que antiguamente había sido suyo. Lo que siempre resultó extraño es que desaparecieron misteriosamente del mismo los hombres que lo estaban habitando. También se cuenta como algo muy curioso del campo y es que hay una quebrada en la que durante las noches de calor aparecen luces extrañas. Hay quienes dicen que esas son luces malas provocadas por algunas almas que andan penando sin poder partir de ese lugar. Un familiar mío me dijo en confianza aunque es algo que nadie repite, que habiendo luna llena aúllan a  media noche todos los perros de la cercanía como si fuesen lobos. Se sabe que todos los vecinos cuando ocurre esto prenden una vela, se arrodillan y se ponen a rezar, pero también es conocimiento de todos que al otro día nadie quiere hacer el mas mínimo comentario de este hecho.

Julián encontraba todo muy difícil de entender lo intrincado de toda esta historia y hacía esfuerzo para creer que lo  que le contaba su vecino era realidad.  A todo ello se le sumó lo que ocurrió cuando estando con su vecino conversando como lo hacían a diario,  cruzó frente a ellos un carro grande tirado por dos caballos percherones. Quién llevaba las riendas de los caballos era un hombre bastante mayor , de cabello enmarañado y largo al igual que su barba ambas cosas  se veían que hacía años que no habían sido cortadas. La única vestimenta que se le veía era un túnica blanca que le llegaba hasta los tobillos y un gran sombrero de alas muy anchas. En un asiento detrás del hombre que manejaba las riendas de los caballos iban sentadas dos señoras con sus cuerpos también cubiertos con túnicas  y en su cabeza llevaban pañuelos  atados al mentón que le cubrían casi la totalidad de la cara. El carro iba lleno de baúles y cajones, pero lo que mas llamaba la atención era que por encima de toda la carga había una Cruz de gran tamaño, laqueada en su totalidad de color blanco y se le veía realizada con mucha prolijidad.

Ninguno de los dos sospechó que en ese carro iba un religioso con el propósito de llevarle la paz interior que el Gauchito había perdido hacía muchos años y en él también iban la señora y su hija. Al finalizar el día estaba erigida la Cruz en la proximidad de su casa y frente  a ella estaba arrodillado en forma inmóvil el señor de la larga barba que la había trasladado. Todo se estaba realizando con el propósito de que ÉL llegase a ese hombre que estaba viviendo en una soledad y amargura interior que lo tenía amarrado en la obscuridad, solo ÉL lo podía liberar de esa prisión en la que estaba que era mas torturante que las rejas que lo habían alejado del mundo durante quince años. El arrepentimiento no tenía la fuerza necesaria para llevarlo a la vida en su plenitud de ser humano y necesitaba que le llegase el Supremo para que su ser se sintiese liberado de culpa.

Se había presentado una noche estrellada y muy calma, la que se mantuvo exactamente hasta las doce de la noche, a esa hora se sintió un estruendo como si hubiese sido producido por cien truenos que resonasen al unisono, pareció que vibró toda la naturaleza y el cielo se pobló de miles de culebras de fuego que víboreaban, produciendo una luminosidad que hacía pensar que el infierno se había instalado en la tierra. Pero esto duró menos de un minuto y todo ello fue seguido por el fuerte sonar de campanas. Ellas hacían sentir una melodía que partiendo desde la tierra se  acompasaban por otras que llegaban desde el  cielo.

 No fue mucho el tiempo transcurrido desde que comenzó la melodía de las campanas, cuando se ve que todo el pedazo del campo donde aparecían  las luces malas estaba ardiendo. Del fuego de gran tamaño se desprendían trozos de él formando llamas danzarinas que se elevaban hacia el cielo con movimientos acompasados por el redoble de la sorpresiva orquesta ejecutada por manos invisibles. Posteriormente las campanas comenzaron a hacerse sentir mas suavemente hasta que desaparecieron y el fuego dejó de verse.

Es evidente que todo lo ocurrido esa noche se dio en la lucha interior que tuvo ese hombre, que pudo rehacer su vida con la ayuda Divina.  El Supremo le llegó con tal fuerza que pudo retomar su camino, quedando la desgracia que le había ocurrido años antes sin ese sentido de culpabilidad torturante que se había apoderado de su vida y le tenía agobiado.   

 El nuevo día llegó  con un hermoso amanecer y en todo el entorno no quedaba ningún rastro de lo que había ocurrido en la noche, en la parte del campo en donde se había visto tanto fuego el césped tenía un hermoso verdor y estaba poblado por flores. No se veía la Cruz, ni el señor de la túnica, todo ello había desaparecido como por arte de magia. Ahora estaba allí una familia feliz y llena de ganas de vivir, que se reintegraba a la comunidad que había abandonado por tanto tiempo

Cuando el sol ya había despuntado totalmente parte de allí un pequeño carro tirado por un ágil caballo, en él iban un señor de mediana edad, una elegante señora y una joven de menos de veinte años. Iban muy sonrientes y conversando con una alegría que se le reflejaba en sus rostros. Al cruzarse con las personas que caminaban por la calle ellos las saludaban con  cordialidad como si las hubiesen  estado viendo todos los días.

Llegaron al boliche que el frecuentaba para realizar sus compras en horas de la noche y saludaron con cortesía a todos los presentes, al aproximarse al Tano estrechando su mano le dice:

 -Si yo soy quién tú llamabas muchos años antes El Gauchito, hace un tiempo que te visitaba de noche y solo, hoy vine acompañado por mi señora y mi hija,  ellas son las que te realizarán  las compras. Te voy a contar Tano que ayer recibí un mensajero que estaba hace tiempo esperándolo y logró que en la noche viniera  ÉL y estuviese junto a  mi cama por mucho rato marcándome el camino que debía seguir. ÉL logró con su presencia que yo lo retomara después de tantos años que lo había abandonado. ÉL  me devolvió la alegría y las ganas de vivir que había perdido. Es por eso que a partir de hoy sigo siendo para mi familia y para todos el GAUCHITO.

Walter Nelson TORRES   (Pan de Azúcar-Uruguay)

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