EL BARRIO BELVEDERE CONOCIDO EN EL MUNDO

Que mayor placer  encontrarme aquí  en el barrio que nací,  el tiene una vida llena de calor humano que  respiramos todos  permanentemente. Siento siempre el orgullo de formar parte de  él, en donde  lo mas importate es la solaridad que nos da la amistad que nos une,  ello parece haber surgido por el solo hecho de haber nacido allí, en que nuestra meta es la lucha por vencer en conjunto todas las adversidades que se nos presenten.

 Se que se encuentra  algo alejado del resto de la ciudad y que cuando llueve en sus calles por carecer de pavimento se pisa barro y todos  los niños quedan como presos en sus ranchos  jugando con  bolitas y  trompos.

Solo tiene ocho  casas construídas con ladrillos, todas las demás  edificaciones son ranchos de fajina que luchan por mantenerse en pié, muchos de ellos con mucha dificultad utilizando  puntales que les permiten sobrevivir con muchas dificultades.  No obstante sus precariedades  ellos  están orgullosos de estar rodeados de mucha vegetación y  algunas  flores que muestran que las manos femeninas los aprecian.

Cuando llega la noche allí reina  el silencio, que sólo está interrupido por la charla de los muy pocos que regresan a sus casas  y   por el ladrido de perros que parecen estar  comunicándose  a travez de un código desconocido por los humanos. Las calles no tienen ningún pico de luz y las personas toman  como referencia para caminar la que timidamente sale por los interticios de los ranchos,   parecen estar  fumando al ver que de todas sus chimeneas sale humo proveniente de la leña que arde en todas ellas por ser el único combustible utilizado en sus cocinas.

Llegado el amanecer  todo toma vida desde muy temprano, salen muchos   mayores a cumplir con sus obligaciones de trabajo y los niños partiéndo camino a la escuela. Allí en el barrio me quedo  yo entre los ancianos y la mujeres, porque soy de los que terminó la escuela y no tengo la edad  para realizar trabajos de adultos. En mi ocio me sumo a las charlas y los proyectos del barrio. Inesperadamente  en este momento surge  algo que todos consideramos  muy importante y da una vida nueva que nos moviliza a todos.

Es que uno de los vecinos apodado  el Chocho,  de aproximadamente cincuenta años de edad, con una  larga cabellera que peina canas,   trabajador de múltiples oficios inclusive el de músico en bailes de barrio, decidió realizar un  viaje alrededor del mundo. De acuerdo a su programación  lo acompañará    su señora y uno de sus hermanos.  Su idea tomó fuerza y logró el apoyo de todo el barrio por su gran magnitud y todas  las conversaciones se centraban en este gran proyecto que ellos pensaban  realizar,  viajando en su carro tirado por un caballo tordillo de aspecto fuerte y otro zaino que parecía algo viejo.

Pasaban los días y  yo permanecía muy próximo a los excursionistas interesándome en todos los detalles de la programación. Lo cierto era que todo el barrio estaba interesado en ese viaje que nos enorgullecía  y nos sentíamos seguros  que esto se iba a dar a conocer a travez de los diarios e  informativos radiales.               

Al anochecer comenzamos todos a reunirnos en la casa de Chocho con el propósito de colaborar con los excursionistas. Lo primero que se les ocurrió a los vecinos era que había que llevarles comida a los caballos para que engordaran y se sintieran fuertes para una marcha tan larga. Esa idea hizo que yo al otro día desde muy temprano estuviese cortando bolsas de pasto para mejorarles su alimentación.  Otras de las cosas importantes era conseguir un cuero de animal vacuno y varios de ovinos, para con ellos hacer una extructura en el carro de tal forma que sirviese para proteger a los viajeros en caso de lluvia y además  de  dormitorio durante la noche.

Yo considerándome persona importante dentro del grupo organizador, en un cuaderno viejo que me había sobrado de cuando iba a la escuela,  tomaba nota de todo lo que era  necesario que  llevaran ellos en el viaje. El  Chocho tenía todo muy claro y veía como  algo fundamental en el viaje llevar  la escopeta con cartuchos y la caña de pescar, estos elementos  le asegurarían la alimentación durante el viaje. Otras de las cosas muy importante e infaltables eran: grasa, harina y yerba.

Por donde iban a comenzar el viaje él decía que  lo tenía muy claro, porque  había hablado con muchos carreros  que le habían explicado que caminos tenía que seguir, después en la marcha se iría encontrando con otras personas que lo orientasen.

Había transcurrido un mes desde que comenzó la planificación y ya  tenían todo  organizado hasta el más mínimo detalle y el invierno había dejado paso a la primavera. Todo estaba solucionado y llegó el momento en que  el Chocho  fijó la partida para el primer domingo  de octubre en horas de  la mañana. Llegó ese tan esperado día y frente a su casa  estaba todo el barrio para desearles buena suerte, desde los niños más pequeños hasta las personas  más ancianos. Muchos le traían algo de comida para que llevasen para el viaje y mi recuerdo muy especial por haberme  llamado mucho la atención,  fue cuando vi  a  una persona anciana que le entregó a los viajeros una foto de uno de sus nietos  y le solicitó que la dejase en una iglesia de otro país para que le quitasen un mal que lo aquejaba.

Fue en ese momento que Chocho parado junto al carro nos habló con voz fuerte acorde con el momento, a todos los que estabamos allí reunidos para despedirlos:

  -Desde aquí parto para una ciudad que se llama Minas y desde allí Dios me indicará el camino a seguir, tengan presente que este viaje  durará muchos años. Nunca me voy a olvidar de ustedes y en los distintos países por los que pase nombraré este barrio diciendo que es el mejor del mundo.

Estas palabras que fueron expresadas con fuerza y voz de discurso de despedida, recibieron el aplauso de todos nosotros y arrancaron  muchas lágrimas al ver la gran valentía que tenía esa familia de partir por el mundo representando a su pueblo y en especial a nuestro barrio. 

Se subieron los tres al carro e iniciaron la marcha agitando sus manos a todo  el barrio que estaba  allí reunido y espontáneamente los vivaban fuertemente,  deseándoles buena suerte y solicitándoles que no se olvidaran de ellos.  

Pasaban los días y la conversación de todos los vecinos era de como les iría en el viaje al Chocho, en general todos eran optimistas considerando que debían de estar a mucha distancia, unos opinaban que ya debían de estar en otro país quizás hablando otro idioma, otros no tan optimistas decían que el Uruguay es muy grande y para salir de él les iba a llevar como un mes.  

Ya habían transcurrido dos meses  que habían partido del barrio esas personas que con horgullo y enteresa se alejaron para recorrer tierras lejanas cuando en un atardecer se vió a todo el barrio  corriendo por las calles gritando:     

-Volvió Chocho con la familia, están en su casa.  

Yo fui uno de los que corrí para  que nos contase las cosas importantes de su transcedental viaje.  El cariño que todos sentíamos por ellos se manifestaron en gritos, abrazos y besos. Ellos allí descargado toda la carga de su carro y  como personas importantes que en ese momento lo eran,  hablaban del viaje que habían realizado entre los cerros. Mencionaban sus importantes cacerías de  animales desconocidos y que les permitieron alimentarse sin problemas, de las grandes carretas que tiradas por cinco yuntas de bueyes cargadas de leña  se dirigían a una ciudad muy importante que se llamaba Minas. Sumado a todo lo que ellos expontáneamente nos contaban y dando respuesta a nuestras preguntas, las horas corrieron y permanecimos con ellos  hasta llegada a la madrugada. 

Ellos permanentemente decían que los culpable  de su regreso fueron los policías de esa ciudad a la que habían llegado, los que no podían entender las razones del viaje y le impusieron la vuelta a Pan de Azúcar.  Les afirmaban que  no podían continuar  por ese camino que habían tomado porque por él no iban a llegar ni a Brasil,  ni a Argentina. El Chocho insistía que igual viajaban a cualquier otro país, pero la policía los obligó a regresar y  que sino hubiese sido por ellos el viaje no se hubiese interrumpido.

Todos al otro día contábamos del regreso del Chocho y que estábamos convencidos que ellos estaban dispuestos a realizar un nuevo emprendimiento por rutas desconocidas.  

Mi conclusión es que todas las personas pueden emprender empresas conformadas unicamente  por sueños irrealizables y  no por ello se tienen que transformar en negativas  porque el soñar es algo fundamental en la vida humana.

Walter Nelson TORRES ENRIQUE

Pan de Azúcar, 21 de setiembre de 2012

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