UNA HISTORIA DE MI VIDA

Han transcurrido varias décadas de la historia que les voy a contar y me llegó tan profundo que la recuerdo hasta en los más mínimos  detalles. 

Trabajando  yo en un restaurante con un grupo de nueve compañeros, una noche uno de ellos dijo sentirse mal de salud  y solicitó autorización para retirarse. Se trataba de una persona muy cumplidora con las tareas que debía de cumplir y por ello no tuvo ninguna objeción por parte del patrón de que abandonase el trabajo.  Nosotros nos despedimos de él deseándole que tuviese una mejoría rápida.

Había transcurrido una media hora de lo que les he contado,  cuando llegó  un parroquiano muy conocido de la casa y nos dice:

-Vengo del prostíbulo y allá dejé a Pedro el compañero de trabajo de ustedes.

Yo le respondo:

-No debía de ser él  lo habrás confundido ,  hace muy poco rato se retiró para ir a su casa porque se sentía muy mal de salud.

-Estoy seguro que era él y más te digo que conforme llegó pidió un Whisky.

No le hice ningún comentario y me quedé con  duda de la certeza de lo que se nos había dicho. Yo que lo conocía muy bien a Pedro sabía que no frecuentaba bares y mucho menos prostíbulos, además nunca lo había visto tomar ninguna bebida que contuviese alcohol. Todo ello parecía algo que no se ajustaba a la realidad, pero ante lo que manifestó  con tanta seguridad ese señor tan conocido en el comercio,  yo llegué a cambiar de opinión y  pensar que nuestro compañero  ese día tendría  ganas de ir al prostíbulo a tomarse unos Whiskys y se inventó una enfermedad para retirarse del trabajo mas temprano.

Al  día siguiente con esa idea que me había formado no pude menos que preguntarle a Pedro en cuanto llegó: 

-Como estás de salud.

El me responde:

Estoy muy bien.

A continuación yo le dije  que tenía la seguridad  que el día anterior no estaba enfermo y que se había retirado para hacerse una garufa por lugares no del todo santos. Atento a mi comentario me da esta larga respuesta que me entristeció y me llegó a lo mas profundo:

-Walter ayer era el día del cumpleaños de mi hermano menor, el que  fue detenido hace tres años por los militares y que lo tienen  en prisión en Treinta y Tres. Yo sufro mucho por ello y también por ver a nuestra madre que se pasa todos los días llorando por ello. Ayer por esa razón fue un día muy especial para mi  y para mamá, ella sufrió mucho y por ello se descompensó de tal forma que hubo que llevar un médico a nuestra casa para que la atendiera.  Para mi es evidente que su salud se va quebrantando día a día a causa de toda esa pena que siente en forma constante.  Ella al igual que yo,  no podemos entender  la razón por la  que los militares lo tienen detenido desde hace tanto tiempo, por el solo hecho de haberlo encontrado en una reunión  con otros muchachos  y manifestar siempre que estaba en desacuerdo con el gobierno. ¿ Tú puedes llegar a creer que yo ayer podía trabajar con tanta carga de dolor que tenía encima?   No encontraba ninguna forma para liberarme de ella  y reconozco que opté de  manera equivocada al ir a tomar alcohol a un prostibulo, pensé que al hacer  esto tan diferente  de lo que yo acostumbro me podría librar  de todo lo que me  estaba pasando.

A medida que hablaba su cara mostraba  cada vez mas sufrimiento,  sus ojos se llenaron de lágrimas y algunas de ellas  se decidieron  rodar por sus mejillas. Yo me sentí muy dolido al escuchar  todo lo que me dijo, por lo que me aproximé a él y estrechándolo en un abrazo muy fuerte le dije:

-Lamento todo lo que  está pasando en tu familia y deseo de corazón  que a todos les llegue  pronto  una solución feliz. Te pido disculpas por realizar juicios inapropiados sin tener ningún derecho para ello.

Su respuesta no se hizo esperar:

-No te preocupes tú no tienes culpa de nada,  hablemos de otra cosa y pongámonos a trabajar.

Doy por finalizada la historia que decidí contarles y con excepción del nombre de mi compañero es veraz en su totalidad.

Por razones de haber trabajado en lugares distintos  y al no tener  la dirección exacta de su domicilio,  perdí contacto con ese compañero que estampó muy fertemente en mi  una parte de su vida. Desconozco por ello la suerte que corrió su hermano en la prisión y cuando tiempo más transcurrió para ser  liberado, tampoco se  si  su mamá pudo soportar con vida su dolor y haber llegado a tener la felicidad de poder abrazar nuevamente al hijo que injustamente le habían arrebatado

Esta breve historia de mi vida la considero  muy dolorosa, todos pueden tener de ella  una óptica muy distinta de ver los hechos y por lo tanto sacarán de ellos reflexiones muy diferentes. Pero no creo tener dudas  al decir que no se debe de prejuzgar lo que han realizado otras personas.

Walter Nelson  Torres              06-12-12