L A G R A N P R E G U N T A

         Boliche esos que son boliches, los mejores sin duda son los de Pan de Azúcar, esto lo afirmo y se los aseguro, claro que dentro de los pagos que yo conozco, que no son muchos y pocos tampoco.

          Ahora ustedes deben  de entender, que boliche verderamente boliche, no es el que vende fideos y yerba. Boliche es en el que tomas unas copas de caña, grapa o vino.

          Puede ser grande o chico, pero esto no es lo mas importante. Lo que veradaderamente necesilta es que tenga su propia personalidad, si no la tiene, hoy es uno y mañana otro. Y entonces uno entra por la misma puerta, pero no sabe en que boliche está entrando.  Sería como si uno cambiase de mujer todos los días. Y uno no puede cambiar de mujer y tampoco le sería conveniente, más bien esto le sería fatal, le costaría la vida. Aguantar a una vaya y pase, uno se habitúa, pero a varias lo encuentro mucho mas difícil.

          En los boliches con personalidad los borrachos tienen su cultura alcohólica, sus mamuas son siempre iguales.  Digo yo porque así lo en tiendo, que difícil es  de aguantar  a los borrachos con variantes cuando el alcohol los domina, aquellos  que un día se ríen y al otro lloran, un día piden perdón y al otro pelean.

          Pero yo quiero hablarles de un boliche en especial, ubicándome en el año mil novecientos sesenta y nueve. Y ustedes me pregunatarán de cual y yo les digo que de uno que estaba ubicado en pleno centro, frente a la vieja Larga Distancia de la calle Félix de Lizarza. Claro que les estoy hablando del boliche “EL MARACANÁ” de Don Felipe Clavero.

          Boliche con algunos mamados pero muy familiar, era casi un club social. No tenía lo que le  llaman cultura los de la alta sociedad, pues allí no había conferencias ni conciertos. Pero tenía algo muy importante, ¿saben qué?, la amistad. Esa solidaridad humana que la considero una muy importante cultura de pueblo.

          El que tenía plata tamaba copas y el que no la tenía también. Se sentia a uno u otro decir “Sirva la vuelta a los que están y a los que lleguen”. Y si alguno decía  “yo estoy necesitado” muchos se ofrecían para prestarle dinero.

          Era un boliche con grandes charlas y discusiones sobre temas que ese día importaban.

          Si se estaba jugando el campeonato de fútbol de zona oeste, todos nos transformábamos el día sábado en  técnicos formando  el equipo para jugar el domingo.

          Y podíamos escuchar:

-Si tenemos en el arco al Pingüino y en el area al Lobo Mazzanet, no nos hacen un gol ni que se embrujen.

-Si arriba tenemos en la punta al Coco Clavero y mas adentro al Chivo Cabrera con sus moñas, vamos a gritar muchos goles.

            Soñábamos que con ese cuadro ibamos a tener  un gran espectáculo, para ganar  y festejar  a  lo grande. Eso que nos estaba faltando la cabeza de Rúben Abadie,  que aún no jugaban Mangacho y Carlitos Pimienta,  quienes posteriormente fueran dos grandes valuartes que nos dieron grandes satisfacciones.

           El domingo en la noche en el tema de fútbol ya cambió todo, desaparecieron los técnicos porque estos se transrformaron en comentaristas.

-Si habíamos jugado en Las Flores, fija que ganamos pero se hizo un partido difícil, pero lo importante es que trajimos los dos puntos.

-Si habíamos jugado con Tabaré todo había sido muy distinto. Si le habíamos ganado el partido fue un espectáculo y la caravana festejando había sido de  varias cuadras. Si empatamos fue de mala suerte y si perdimos evidentemente la culpa fue del árbitro, es que Matías Mercado nos perjudica siempre y es por eso que no salimos campeones casi nunca.

-Si jugamos con Rausa, un empate era un triunfo para festejar y si perdíamos que era lo mas seguro, todos nos quedábamos callados.

           Era lindo ser hinchas del mismo cuadro, festejamos juntos o lloramos juntos. Si festejamos, chupandina por la alegría y si perdíamos chupandina por la taristeza.

          Otro día el tema era el de las pencas que se iban a realizar el próximo domingo en la pista de Fontes o en la de Láncaster.

          Yo comento que en esa penca no iba a faltar la yegua de Adán Pedroso, que tenía linda pinta y era simpática. Tan simpática que no ganaba nunca para que no se disgustasen los demás caballos.

          El tema de los tuercas, ocupaba  dos o tres días en el año. Se hablaba del autódromo de Piriápolis y que todo no era igual que cuando corría Fangio,  pero no se dejaba de nombrar a Luzardo y de asegurar que si llegaban seis al finalizar la carrera él iba a llegar sexto,  pero séptimo nunca.

          Físicanente lo podemos describir así al Boliche de Don Clavero.

           En el fondo del terreno el medio tanque con brazas de carbón, que oficiaba de barbacoa y salían de él exquisitos choripanes.

           La parte edificada constaba de dos salones bien encalados y muy limpios, con ese olor infaltable a boliche que está siempre  en el aire sin saberse de que lugar partió y que aparentemente lo forma en forma principal el vino, la caña y el tabaco.

             En el salón del fondo una mesa de Casín y tres para jugar al Truco y por allí andaba Mario Suárez con su peluquería. En el salón del frente que daba a la calle, estaba el mostrador de mármol al centro con su vasera y pileta a la derecha,  sobre él era infaltable el plato con huevos duros prolijamente tapados con una campana de vidrio. Sobre el atardecer y la noche se llenaba de  vasos servidos,  los codos se apollaban y paseaban permanentemente sobre él.

             En este pequeño salón de tertulia y chupandina había tres mesas con sus sillas. Y en una de ellas, la ubicada en el rincón de la derecha estaba permanentemente ubicado un señor muy veterano, siempre callado el hombre  miraba y escuchaba moviendo la cabeza afirmando o negando lo que se hablaba en su alrededor, mientras  se tomaba  lentamente su cañita. Se que le dicían Don C arlos, pero su apellido no lo se.

             Yo les conté lo que podríamos llamar la personaliad del boliche y la temática de charla más común. Pero hubo una noche que merece una atención especial y tengo que contarles al detalle la misma, porque ya verán que ella trascendió a nivel mundial.

              En la punta del mostradore estaba como siempre el Negro Piolín, que tomando una cañita esperaba que alguien lo invitase a ser pareja de truco, para tener la posibilidad de ganarse un choripán.

               Infaltables y dominando la reunión estaban Villalba, Castro y el Nocturno, todos ellos  esa noche tomaron posición de académicos de un tema que ese día era el más importante del mundo.

             El que rumbió para ese lado fue Villalba, que algo sobrador levantó la voz y dijo:

-Escuchen todos, hoy vamos a hablar de algo que es más que importante. El hombre llega a la luna esta noche y es posible que aquí  haya alguien que no le guste lo que yo digo.

                A ello Castro replicó en el acto:

-Yo se que los que dicen que hoy llegan a la luna, no han podido tirar para arriba más que pelotas de hierro.

                Villalba replicó:

-Sólo tienes que esperar unas horas y ya te vas a convencer cuando te digan:  “hola Castro mira para arriba que estamos aca tratando de clavar la bandera, pero se nos hace difícil  porque se ve que aquí en la luna hace años que no llueve”.

               Castro pegó media vuelta y hablando a los demás parroquianos, que estaban muy atentos con sorna les dice:

-Yo les pregunto si hay alguien de ustedes que no hayan  sentido hablar que hay algo dando vueltas en el cielo que llaman Spunick y que tiene  adentro un animalito con cuato patas, que dice que es perra y se llama Laika.  Es tan bandida ella que cuando pasa frente a la Casa Blanca se le ocurre ladrar.

                 No se oían palabras directamente ofensivas entre Villalba y Castro, pero se respiraba tensión en el aire.

                 Los que oficiaban de público no hablaban una palabra, estaban más que atentos al diálogo que tenían estos dos amigos.

                  El Nocturno que estaba silencioso hasta ese momento, se le achicó la mamúa y se la aclaró el pensamiento  terciando en la discusión dijo:

-El que tiene que saber si el hombre va a tomar  mate a la luna es Don Carlos,  lo he visto muy atento a lo que ustedes hablan .

                  Don Calos se acomodó en la silla, le dio un trago a su copa de caña y con firmeza les dijo:

-Muchachos ustedes son muy jóvenes para darse cuenta que una perra no anda volando como dicen los rusos y que el hombre no va a caminar  en la luna como dicen los de Estados Unidos. Eso es todo mentira  política.

                  No había terminado de hablar Don Carlos, cuando Villalba le dijo:

-No es política Don Carlos, esto de que el hombre llega a la luna lo dicen los CIENTÍFICOS

-Mira m´hijo no hagas a caso a lo que dicen los TÍFICOS. Es que no tienes porque creerle a los TÍFICOS.

-Pero Don Carlos, lo que yo le dije era que lo afirmaban los CIENTIFICOS.

                 Con voz imperiosa y levantándose de la silla Don Carlos afirma:

-Eso es mentira,  te repito que todo  es política y  por eso  yo no lo creo aunque lo digan CIEN-TÍFICOS  o MIL-TÍFICOS.

                 Con esta afirmación que contenía una muy profunda interpretación de lo que la prensa permanentemente nos decía,  la discusión terminó y los ánimos se serenaron.

                 Es evidente que la pregunta que se generó en el Boliche de Don Clavero  “¿EL HOMBRE LLEGÓ A LA LUNA O ESTO FUE INVENCIÓN POR RAZONES DE POLÍTICA INTERNACIONAL?”,  se difundió rapidamente a nivel mundial. Y la misma no ha tenido respuesta hasta la actualidad.

                 Pero lo que es indiscutido es que las mejores noches , los mejores tragos y los mejores choripanes, estaban en el Boliche de Don Clavero que se daba el lujo de tener en la puerta un taxi para repartir los mamau.

                                           oooooooooooooooOOOoooooooooooo

                                                 Walter Nelson  TORRES                08-07-2013

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E L R E G A L O S E C R E T O

          Que hermosos fueron los amaneceres que junto al mar yo tuve en mi juventud,  todas las noches del verano disfrutando las melodías, que ejecutaban   la orquesta que formaban los cientos de  jóvenes felices que en su trajinar dicharachero la conformaban y que se complementaba con el fondo musical que el mar  aportaba con el golpe melodioso de sus tímidas olas.

           Yo por razones de trabajo  estaba siempre  allí y me mezclaba con  esa hermosa juventud.  Lo mas común era que formara  espontaneas amistades que  terminaban con una sonrisa y un saludo de despedida. Pocas de ellas me llevaron a un corto romance, los que generalmente finalizaban sin dejar mas que el recuerdo del   placer recogido en  esos momentos y que en el transcurso de los días iban  pasando al olvido.

           Pero hubo una que  nunca se retirará de mi memoria y la formó una pequeña historia de sólo dos días de duración.

          ”  En una muy hermosa noche del mes de febrero de hace cuarenta años, yo iba  caminando  junto a un amigo por la rambla de Piriápolis y  entablamos un espontaneo diálogo con dos simpáticas  jóvenes  que habían llegado de Buenos Aires para veranear  por muy pocos días en el balneario. Y allí en ese encuentro se agazapó  un sentimiento de amor, esforzado para entrar en mi corazón para cambiarme la  vida, no lo hizo pero  dejó una pequeña huella que aún perdura en mi memoria.

            Ellas me contaron  el trabajo que realizaba  su padre y en donde vivían en  Buenos Aires. Todas sus vivencias las   mostraban como personas con una vida alegre, feliz y llena de proyección hacia un futuro de honestidad.  Al agonizar la noche   nos despedimos con un hasta mañana y el compromiso de  encontrarnos en el mismo lugar la noche siguiente.

             En la próxima madrugada estabamos juntos en el mismo boliche, allí continuamos  nuestras charlas y ellas me decían que  lo habían pasado muy bien  en el balneario,  lo único a lamentar era las pocas horas que les restaba para regresar a su hogar. La de cabellos largos  llamada  Ana María me manifestó que le hubiese agradado visitar una Boite llamada MAU MAU, que estaba ubicada  en el Subsuelo del Hotel Argentino y que se la habían elogiado mucho.  Fue por esa razón que se le ocurrió pedirme:

-Walter porque no nos llevas un rato a ella  así no me voy sin  conocerla.

No demoró mi respuesta:

-Si Ana María no hay problema, si todos están de acuerdo vamos.

          Llegamos los cuatro a la Boite, entramos por su misteriosa entrada que nos recibíó con  una muy suave música y   una  luz que  contribuía con la ambientación del lugar,  ella  era cada vez mas tenue a medidad que penetrábamos a ese cautivante lugar.  Llegó el momento en que  solo se distinguían apenas las mesas  y las personas junto a ellas  parecían sombras,  un mozo nos acompañó  a una de ellas  a la que llegué  tomado de la mano de Ana María.

            Allí la música era muy sensual,  desde que llegamos nos invitaba permanentemente a bailar  y no  dejamos pasar más que unos minutos sin obedecerla. Junto a mi amiga de la que aún no había soltado su mano fui  a la pista, comenzamos a dejarnos llevar muy lentamente por   la música que melodiosamente  flotaba en el aire y ella fue la causante de despertarnos  deseos ocultos.  Nuestros cuerpos recibiendo órdenes desconocidas comenzaron a  no dejar ninguna separación entre ellos,  las manos se hicieron sus complices al recorrerlos con caricias que los presionaban y ligaban aun más.  Las mejillas que estaban acariciándose,  le dieron  lugar a que esa tarea la realizasen los labios, que hacían mucho rato que permanecían en silencio y que querían ser partícipes del momento.   Cuando ellos se encontraron no pudieron contener el impulso y en muy pocos instantes estaban unidos en  un  pasional e interminable beso. Todo ello ocurría   por causas de duendes que ocultos en la obscuridad y valiéndose de la música que  era  su complice misterioso, nos pasaron a dominar totalmente. Ellos poseían una fuerza de  tal magnitud que anulaba la que tenía que partir de  nuestras  mentes.

           Nosotros no habíamos tenido en cuenta que la música había cesado hasta el momento en que su lugar pasó a estar ocupado por una voz masculina que nos decía:

“esta casa va a cerrar sus puertas en el día de hoy, agradecemos vuestra presencia y los esperamos el día de mañana”. Yo miré a mi alrededor y vi que eramos los únicos que estabamos en la pista. Tomados de la mano sin decirnos una palabra llegamos a la mesa en que se encontraban nuestros compañeros.

          Su hermana nos dijo que teníamos que retirarnos porque   la noche había finalizado. Obedecimos a sus palabras y casi en silencio nos dirigimos al hotel en que se hospedaban .

            Ellas esa mañana partían para Buenos Aires y allí nuestra despedida fue muy breve, es que estabamos aún traumados por lo ocurrido anteriormente. Yo saludé a  Ana María con un pequeño beso en su mejilla, pero nuestras manos no nos dejaban separar y permanecieron varios minutos unidas hasta que su hermana nos llevó a la realidad diciendo:

-Deben separarse todo ya terminó, deben de volver a la realidad.

           Sentí una gran tristeza al dejar de tener sus manos apretadas por las mías y su rostro pasó a reflejabar  el mismo sentimiento.  En contra de nuestras voluntades nuestros cuerpos siguieron sus vidas separados, pero nuestros sentimientos no estaban de acuerdo con ello.

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             Había pasado ya más de un año cuando una tarde encontrándome en la oficina en la cual trabajaba fuera de temporada, una compañera me dice en la puerta hay un matrimonio que pregunta por ti. Gran sorpresa fue para mi cuando en la puerta vi a Ana María acompañada por un señor. Nuestras miradas se cruzaron, cuando me aproximé a ella la saludé  con un beso en la mejilla.

Ella me dijo:

-Volví a pasear a  Piriápolis pero ahora casada, te presento a mi esposo.

              Luego de saludarnos él me dijo:

-A mi señora se le ocurrió venir a saludarlo, me dijo que tú le distes algo que le había agradado mucho, aunque nunca me mencionó de que se trataba.

               Ana María nos dice:

-No quiero desmerecer los que él me da, es por eso que no le menciono cual fue  tu regalo.

                Al despedirme ella me aprieta fuerte la mano diciéndome que le agradó mucho volverme a ver y que siempre recordará los momentos vividos cuando me conoció  en su viaje anterior a Piriápolis.

                 Nunca más tuve noticias de ella, pero aquel beso que nos dimos me dejó una huella profunda que hizo que nunca la olvidara.